Comunicado de prensa 08/20

VII domingo del tiempo ordinario

23 de febrero del 2020

1. Muy querida familia diocesana de Tapachula, la liturgia de este domingo pone delante de nosotros este fragmento del Sermón de la Montaña para que podamos tener un momento sagrado de encuentro con Él, a través de su Palabra. Ojo por ojo y diente por diente era el espíritu de una ley muy antigua conocida como Ley del Talión. En su momento era una medida que abonó mucho a evitar lo desmedido de las venganzas sangrientas e interminables. La escalada incontrolable de violencia que pudiera generarse con la ira provocada por una ofensa encontró en esta ley un muro que la detuviera. El Señor Jesús, no sólo ve la utilidad de esta ley incompleta, sino que invita a ir más allá a quien cree y quiere llevar una nueva vida en atención a la presencia del Reino. La forma eficaz de combatir la violencia, de no dejarse ganar por el deseo de venganza, es tener una actitud de disposición consciente para detener la dinámica del rencor y la venganza. Es mejor sufrir violencia que provocarla. Es necesario tomar conciencia de que el odio y la violencia suelen entrar en una dinámica de crecimiento incontrolable. Alguien tiene que ser consciente de esto y debe poner alto a esta avalancha del mal. Y esa actitud es imperativa del amor cristiano.

2. Los homicidios, robos, secuestros, asaltos y otros sucesos en la región nos hablan de un deterioro del tejido social y nos cuestionan hasta dónde hemos permitido que el mal entre en nuestros corazones. Las muertes de las niñas que hemos visto a nivel nacional, y una de ellas fue en nuestros municipios, nos lastiman. Pero nos hace pensar en la necesidad de que todos entremos y nos comprometamos en la solución de fondo de esta problemática delicada. No sólo necesitamos leyes e intérpretes eficaces en la aplicación de la misma, sino sanear todos los espacios donde nace y se desarrolla la violencia. La ley del amor que Jesucristo nos recuerda en el evangelio de hoy debe llevarnos a tomar conciencia de la capacidad que tenemos como cristianos de frenar la violencia. La ira, el odio, el rencor, la venganza llevan siempre a la persona a entrar en una dinámica creciente de violencia. Las familias y comunidades se ven divididas por el desquite y la venganza. Muchas veces en aras de una justicia aparente nos hacemos esclavos del mal con rostro de rencor, de odio y de venganza.

3. En las relaciones entre las personas, es relativamente sencillo aceptar a quien nos acepta y rechazar a quien nos rechaza. Incluso llegamos a ver con naturalidad vivir el amor sólo con aquellos de quienes recibimos un trato semejante. La ley del amor llevada a plenitud exige, sin embargo, por la presencia del Reino, que nos esforcemos por ir más allá y procuremos parecernos a nuestro Padre Dios en la bondad de su corazón. Un amor que involucre y que no excluya, siempre será una exigencia para aquél que quiera entrar en el camino de la perfección. Hemos insistido que esta oportunidad de amar a quien no puede hacer algo por devolvérnoslo está en los más necesitados, pero específicamente en los migrantes.

Que el Señor Jesús, acompañado de la Virgen María y de San José, nos ayude a vivir la ley del amor y nos anime en nuestro esfuerzo por vivir la caridad cristiana.


Fraternalmente

+ Jaime Calderón Calderón

VIII Obispo de Tapachula