Comunicado de prensa 11/20

III domingo de cuaresma

15 de marzo del 2020

1. Muy querida familia diocesana de Tapachula, el énfasis bautismal de la Cuaresma en las lecturas del ciclo A se pone especialmente de manifiesto en los tres últimos domingos de este tiempo litúrgico. De esto se sigue que las lecturas de hoy estén centradas en el simbolismo del agua. En la primera lectura, tomada del libro del Éxodo nos narra que, cuando Israel atravesaba el desierto, murmuró contra el Señor a causa de la sed y éste hizo brotar agua de una roca. En ella se simbolizaron después todos los dones que el pueblo recibió de Dios a lo largo de su travesía histórica, especialmente la ley de Moisés. Pero el evangelio de Juan nos hace mirar una nueva forma de recibir esa bendición al afirmar que el verdadero “don de Dios” es el agua viva del Espíritu que Jesús da a quien se la pide. Por eso Pablo corrobora esta misma idea al hablar del amor que Dios “derrama” sobre el corazón de los creyentes. Esforcémonos todos por beber siempre del agua del “don de Dios”, del agua de su amor divino que es la única que puede calmar nuestra sed.

2. Manteniéndome informado, estando al tanto del panorama nacional e internacional, siendo consciente de la intranquilidad que pudiera traer a sus hogares esta situación de crisis de salud y nerviosismo que estamos viviendo a causa del COVID-19, y consciente de la encomienda que recibí de acompañarlos y caminar juntos, considero oportuno dirigirles una palabra más orientativa acerca de esta situación. La enfermedad forma parte de la realidad existencial de todo ser humano. Unas veces de manera individual, otras de forma familiar o regional y, en contadas ocasiones, de forma mundial, el hombre se ha visto en la necesidad de hacerle frente. Las enfermedades no son un castigo de Dios ni un signo del fin del mundo. Por el contrario, son realidades inherentes a la condición humana y, por tanto, dolorosas que, muchas veces en nuestra vida, tenemos que enfrentar. Los cristianos hemos de procurar hacer frente a estas situaciones con tranquilidad, plena confianza en Dios y la responsabilidad necesaria para reducir al mínimo posible los daños que, en nosotros y en los otros, estos males traen consigo.

El COVID-19 es un virus nuevo, de la familia de aquellos virus que provocan gripe y problemas respiratorios, pero que, por su reciente aparición y constante mutación, es poco conocido, se ha difundido con rapidez en el mundo y, en un porcentaje menor de casos, de forma especial entre la población más vulnerable (niños, hermanos con enfermedades crónicas y adultos mayores) puede llegar a complicarse e incluso ocasionar la muerte.

La OMS (Organización mundial de la Salud) nos ha indicado que, en todo país, la presencia y difusión del virus pasa por tres etapas: Una Primera Etapa es la de importación. En esta etapa todos los casos confirmados son de hermanos que han viajado, contraído el virus en el extranjero y se les ha detectado al llegar a su país [Nuestro país está en esta primera etapa, con 26 casos confirmados y 105 casos bajo sospecha, hasta la mañana del sábado 14 de marzo; pero tengamos en cuenta que estas cifras cambian con frecuencia], esta etapa llega hasta los 100 casos confirmados. La Segunda Etapa comienza a darse por el contagio de persona a persona entre la población interna del país, pero aún puede contabilizarse y llevar un registro de los casos confirmados. La Tercera Etapa se presenta cuando la propagación del virus se sale completamente de control, ya no es posible llevar un registro fiable y el virus se propaga por todas partes. A cada etapa corresponde una serie de medidas e indicaciones, cada vez más exigentes y acordes a la propagación del virus.

En nuestro país, por indicaciones del Gobierno Federal, la Secretaría de Salud es el organismo autorizado para informar a la población e ir indicando las medidas a seguir conforme a la Etapa en que nos encontremos. Para quienes tienen acceso a la información digitalizada, esta es la página de información oficial:

www.gob.mx/coronavirus

¿Qué nos corresponde hacer como Iglesia? Es muy conveniente que, sin nerviosismo, pánico y angustia innecesarios, vayamos creciendo en la conciencia de una cultura de la prevención. En varias ocasiones, Don Polo, mi querido antecesor, les indicó que, tratándose de precauciones, siempre es mejor que sobren y no que falten. Por esto mismo, les invitamos a seguir las medidas que ha indicado la OMS para la prevención: con frecuencia, lavarse las manos con agua y jabón; evitar tocarse la cara, boca nariz y ojos; usar gel antibacterial cuando no sea posible lavarse las manos; evitar saludar de beso o de mano; al estornudar o toser hacerlo en el antebrazo; desinfectar superficies y objetos de uso constante; ante la presencia de alguna infección respiratoria permanecer en casa y consultar al médico; mantenerse informado y seguir las indicaciones de la Secretaría de Salud.

La Comisión Episcopal para la Pastoral Social y el Organismo Caritas de la Conferencia del Episcopado Mexicano han elaborado una Cartilla en la que, con sencillez y seriedad, nos recuerdan estas indicaciones de la OMS. Vale la pena que la difundamos de manera digital y nos podamos hacer de ella en nuestras familias parroquiales. Conviene, además, que tengamos en cuenta las indicaciones que la CEM nos propuso hace varios días: que durante la Santa Misa evitemos todo contacto físico, sustituyendo el saludo de la paz con una ligera inclinación de cabeza y que recibamos la comunión en la mano. La SEP ha dado a conocer algunas medidas que conviene tener en cuenta y respetar para proteger a nuestros niños, adolescentes y jóvenes en edad escolar. En atención a ellos y, por encima de intereses sindicales o de cualquier otra índole, es muy prudente que respetemos el período adelantado de vacaciones que irá a nivel nacional del 20 de marzo al 20 de abril, con las indicaciones que se ofrezcan para acompañar a los estudiantes durante este tiempo.

Mantengamos nuestro espíritu en alto, nuestra mente en paz, nuestra alimentación sin descuidos, y tengamos presente que la angustia y la tristeza debilitan nuestro sistema inmunológico y nos hacen más vulnerables. Es muy importante no minimizar, ni exagerar esta situación. Por el contrario, los invito a asumir una actitud de serenidad responsable y atención a las indicaciones que se nos ofrezcan. Tengamos presente que la vida y la salud son dones que Dios nos ha dado y que hemos de esmerarnos en cuidar con diligencia. Pidamos a Dios, a nuestra Señora Margarita Concepción y a San José, por esta situación mundial y en especial por nuestra familia diocesana, que nos protejan y nos ayuden a vivir esta contingencia con tranquilidad. Dios los bendiga y les dé buena salud.


Fraternalmente

+ Jaime Calderón Calderón

VIII Obispo de Tapachula