Mensaje al Pueblo de Dios

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Domingo de Pentecostés

31 de mayo del 2020

1. Muy querida familia diocesana de Tapachula, hoy celebramos la solemnidad de Pentecostés. Esta fiesta nos señala el fin del tiempo litúrgico de la Pascua y, al mismo tiempo, nos recuerda la Presencia del Espíritu Santo en nuestra vida. Las lecturas de la Sagrada Escritura que hemos leído durante la misa nos indican cómo es que Dios, al crear al hombre, sopló en su nariz aliento de vida y con ello inicia la vida humana. Ahora Jesús, sopla sobre los discípulos para comenzar una nueva humanidad en el Espíritu; humanidad que constantemente se renueva con el perdón de los pecados.

2. Hoy que celebramos la fiesta del Espíritu Santo los invito a dejarnos renovar por su acción revitalizadora. Estos días de confinamiento obligatorio en casa probablemente nos estén llegando a desesperar. El cristiano que se deja renovar todos los días por el Espíritu no vive cada día igual y mira con esperanza la vida, aún cuando pareciera un momento de oscuridad y confusión. Redoblemos el esfuerzo de quedarnos en casa para evitar más contagios y disminuir el número de defunciones que vemos aumentar con el paso de los días.

3. Nuestra Iglesia Diocesana de Tapachula siempre ha sido sensible a la voz del Espíritu Santo que nos muestra a los migrantes como una población vulnerable y un lugar de encuentro con Dios. Lamentamos que en este tiempo de pandemia los migrantes sean un sector olvidado y abandonado a su suerte. La renovación que la fiesta de Pentecostés nos regala, debe tocar las decisiones de las autoridades competentes y así pueden atender mejor a esta población. Esta renovación debe apuntar a la protección de los derechos laborales de los migrantes en la frontera sur; también debe promover una asistencia a las familias migrantes durante la contingencia y detectar a los migrantes en situación de calle, siendo también ellos posibles receptores y propagadores de coronavirus.

4. La renovación que nos trae la solemnidad de Pentecostés debe llegar a la esperanza de volvernos a reunir en los templos. No decaiga nuestro ánimo de convocarnos nuevamente en la asamblea Eucarística. Sin embargo, todavía no vemos con claridad cuándo podamos tener espacios seguros y saludables que nos permitan realizar nuestras acciones pastorales. Por lo que les pido continuar y renovar el esfuerzo de cumplir con la indicación de quedarnos en casa. Si hay algún enfermo de coronavirus en su comunidad, colonia o calle les pido que lo animen, fortalezcan y sean solidarios con él desde la distancia. Manden su nombre con su sacerdote mediante un mensaje en el teléfono para que pidan por su salud. Dios Nuestro Padre, por intercesión de Nuestra Señora Margarita Concepción y de San José, nos proteja y custodie a todos, en especial a los migrantes y enfermos, en esta pandemia.


Fraternalmente

+ Jaime Calderón Calderón

VIII Obispo de Tapachula