Mensaje al Pueblo de Dios 25/20

Domingo XVI del tiempo ordinario

19 de julio del 2020

1. Querida familia Diocesana, las parábolas de la buena semilla, de la semilla de mostaza y de la levadura que hemos escuchado en el Evangelio nos ayudan a comprender cómo se gesta el Reino de Dios en la vida humana. Estas imágenes representan realidades pequeñas pero que siempre van creciendo. De la buena semilla se esperan muchos frutos; de la semilla de mostaza su crecimiento es capaz de dar sombra a los pájaros; de la levadura, que haga fermentar o hacer crecer toda la masa de harina para que se multiplique en panes. La imagen que se presenta del que siembra el mal (la cizaña) es de alguien que una vez que lo siembra desaparece y, al final, serán destruidos todos estos males que han sido sembrados; en cambio, el que siembra la semilla del Reino siempre nos acompaña hasta que dé sus frutos en nosotros y es capaz de dar vida eterna. De este tiempo de confinamiento responsable en casa podemos sacar buenas cosas en nuestra vida personal, familiar y comunitaria.

2. Más allá de la señalización del color del semáforo sanitario, que parecería estar priorizado más por otros intereses que el de la salud, quiero externar la percepción que recogemos en la cercanía con y en medio de nuestras familias parroquiales. Vemos con preocupación que en varios municipios de la Diócesis, en lugar de mejorar la situación de la pandemia, se ha acrecentado el riesgo de contagios y, por lo mismo, de muertes; aunque también advertimos que algunas poblaciones se han mantenido o han disminuido en sus contagios. Por lo tanto, les pido que nos mantengamos celebrando sin la participación pública de los fieles hasta finales del mes, como hasta ahora lo hemos hecho. Les pido que continúen preparando a la comunidad con la información sobre las disposiciones que deberán seguirse. Y les sugiero, además, que pueden ir ofreciendo, como manera de preparación de la comunidad, el sacramento de la reconciliación y puedan darles la sagrada comunión. Procuren organizarse en tiempos y modos adecuados, inclusive al aire libre, en donde vayan también verificando que las personas observan de modo especial la sana distancia y portan su cobre bocas.

3. La geografía de nuestra Diócesis nos permite tener escenarios bellos y diversos de la naturaleza, pero también los riesgos de desastres por fenómenos naturales se multiplican: incendios, inundaciones, plagas, deslaves, terremotos, maremotos, entre otros. Pido que cada familia ubique siempre cuáles son las principales amenazas en los lugares donde vive y establezca un plan de acción de prevención de desastres. Especialmente en este tiempo de lluvias hay que poner atención a las indicaciones de las autoridades. Evitemos la tala inmoderada de árboles y la quema de basura. Cuidemos de la Casa Común.

Dios nuestro Padre, por intercesión de Nuestra Señora Margarita Concepción y de San José, nos proteja y custodie a todos, en especial a los más vulnerables, en esta pandemia.

Fraternalmente

+ Jaime Calderón Calderón

VIII Obispo de Tapachula