Mensaje al Pueblo de Dios 27/20

Domingo XIX del tiempo ordinario

9 de agosto del 2020

1. Querida familia Diocesana, la salvación está cerca, proclamamos con el salmo 84. Dios está al lado de su pueblo. Pero su presencia nos pasa, en ocasiones, desapercibida. Hay que estar atentos, como Elías en la puerta de la cueva, para reconocerlo en el ligero susurro de una brisa suave. Hay que tener los ojos de la fe bien abiertos para no confundir al Señor que se acerca caminando sobre las aguas con un fantasma, como les ocurre a los discípulos en el relato del evangelio. Del mismo modo, Pablo, en la Carta a los Romanos, confiesa que se siente invadido de tristeza porque su pueblo, los de su misma raza, los elegidos desde antiguo, no han sabido reconocer en Jesús al Hijo de Dios. Dispongámonos a escuchar la Palabra, presencia del Señor entre nosotros.

2. Uno de los retos grandes que tenemos en este tiempo, donde parece que vamos superando le cresta de la pandemia, es la educación. Los Obispos en México hemos dirigido una reflexión bajo el título: Frente a la dificultad para educar en este tiempo de pandemia: discernimiento, generosidad, diálogo, tenacidad y paciencia. En este mensaje reconocemos que el Sistema Educativo Nacional está frente a un nuevo ciclo escolar, a través de los medios de comunicación y los digitales. Para afrontar este reto es necesario creer y confiar en cada persona y en la comunidad educativa en su conjunto, para volver a clases a distancia, y en el futuro en una presencia escalonada. Esto último requiere de tiempo, preparación y cambiar hacia esa cultura del cuidado que incluye la participación de todos. Quiero insistir que ahora se hace muy necesario el acompañamiento de los padres de familia a sus hijos e hijas tanto en la educación informal y, por la emergencia sanitaria, también en la educación formal, pues el curso escolar iniciará con la modalidad a distancia. De los maestros: quedará en la memoria de las nuevas generaciones su entrega y creatividad didáctica que el momento exige. De las autoridades educativas: su prudencia y respaldo al proceso educativo y a los agentes educativos. De los niños, adolescentes y jóvenes: que crezcan, acompañados de sus padres y docentes, en autonomía, hábitos, pensamiento crítico, habilidades tecnológicas y digitales, pero también del autocuidado de su vida, salud y emociones, amor a la familia y valorar la escuela, los amigos, el bien común, y sobre manera crecer en todo con un horizonte trascendente. Nadie debe dejar a la deriva los niños, adolescentes y jóvenes y por lo tanto tampoco a las instituciones educativas escuelas y universidades sean públicas o privadas, pues ahí se gesta el desarrollo de nuestro pueblo mexicano al formar con calidad y equidad educativa a las nuevas generaciones. En la Diócesis de Tapachula contamos con 12 escuelas católicas y una universidad de inspiración católica; tenemos ahora grandes retos que responder: tecnología-conectividad, descenso de matrícula por la economía, adeudos de padres de familia. Para realizar una misión de gran trascendencia como es educar humanizando y evangelizando, requerimos de una estructura escolar que se sostiene con las colegiaturas. Necesitamos ahora más que nunca propiciar la comunión y empatía con nuestras instituciones. Gracias padres de familia por su grande apoyo. En todas las escuelas católicas estamos reflexionando, analizando y diseñando proyectos que nos ayuden a responder los grandes desafíos pedagógicos, pastorales, tecnológicos, económicos, matrícula, laboral, infraestructura, entre otros.

3. Una de las cosas que el Papa Francisco nos enseñó en su encíclica Laudato Sí es “que todo tiene que ver con todo”. El cambio climático que estamos viviendo ocasiona amenazas claras para la paz y la seguridad internacionales. Los desastres naturales desplazan tres veces más personas que los conflictos, obligando a millones de personas a abandonar sus hogares y buscar la seguridad en otros lugares. La paz sólo puede lograrse si se toman medidas concretas para combatir el cambio climático. Cuidemos nuestra casa común.

Dios nuestro Padre, por intercesión de Nuestra Señora Margarita Concepción y de San José, nos proteja y custodie a todos, en especial a los más vulnerables, en esta pandemia.

Fraternalmente

+ Jaime Calderón Calderón

VIII Obispo de Tapachula