Mensaje al Pueblo de Dios 35/20

Domingo XXVII del tiempo ordinario

04 de octubre del 2020

1. Querida familia Diocesana, en la Palabra de Dios que nos presenta la celebración de este domingo, Isaías nos cuenta la relación de Dios con su pueblo como la historia de un amor no correspondido: Israel es la viña que el Señor cuida con delicadeza y que da malos frutos en lugar de buenas uvas. Es la misma historia que encontramos en el salmo 79 y en el Evangelio. Ambas lecturas mantienen la imagen de la viña, en el último caso como el Reino entregado al pueblo de Israel. Éste no da los frutos esperados y maltrata y asesina a los enviados de Dios, terminando con su propio Hijo. Pablo, testigo de la nueva alianza, anima a los filipenses a abrirse al amor del Dios de la paz viviendo como verdaderos discípulos de Cristo. Seamos un pueblo que caminemos juntos al encuentro de Señor y abrámonos a su amor misericordioso para transformar nuestra realidad.

2. En el mes de octubre la Iglesia recuerda con mucha más intensidad su ser y quehacer misionero. El Papa Francisco nos ha recordado este aspecto en su mensaje para la celebración del domingo mundial de las misiones: En este año, marcado por los sufrimientos y desafíos causados por la pandemia del COVID-19, este camino misionero de toda la Iglesia continúa a la luz de la palabra que encontramos en el relato de la vocación del profeta Isaías: «Aquí estoy, mándame» (Is 6,8). Es la respuesta siempre nueva a la pregunta del Señor: «¿A quién enviaré?» (ibíd.). Esta llamada viene del corazón de Dios, de su misericordia que interpela tanto a la Iglesia como a la humanidad en la actual crisis mundial. Sea este mes un tiempo de renovación del espíritu misionero en nuestra Iglesia diocesana y de búsqueda de nuevos caminos para cumplir nuestra misión: hacer que Jesucristo se conocido, amado y servido por todos.

3. Recordemos que una de las misiones importantes en este mundo es promover y defender la vida humana. La Iglesia siempre ha enseñado que la vida humana se defiende desde la concepción hasta la muerte natural. Ante una cultura de la muerte que promueve y difunde su veneno en la sociedad, aprovechemos este mes de las misiones para hacer conciencia en nuestra propia familia, pero sobre todo en los jóvenes, de la necesidad, importancia y belleza que tiene el promover y vivir plenamente la vida humana.

4. Una misión más que el Señor nos encomienda es el cuidado de la Casa Común. Hoy recordamos con tristeza el desastre natural que provocaron las lluvias intensas del huracán “Stan”. Hace quince años que sucedió esta tragedia y aún sigue vivo el dolor por la perdida de seres queridos y de obras materiales. Sin embargo, este fenómeno ha despertado en nosotros la conciencia de que todos debemos involucrarnos en el cuidado del medio ambiente si queremos ofrecerles a las futuras generaciones un mundo mejor.

5. Nuevamente nos hemos enterado de un éxodo migratorio que ha salido de Honduras. Al parecer son 2500 hermanos que buscan llegar a mejores destinos donde encuentren las condiciones necesarias para vivir. A este reto se une el desafío por la pandemia del COVID-19. Quiero invitarlos a sentir el llamado de Dios para ayudar a estas personas en su paso por nuestras tierras. Aún no sabemos si pasarán por nuestra Diócesis, pero sí tenemos la certeza de que por el camino que crucen les haremos llegar, desde nuestras limitaciones, una ayuda que les sea de consuelo en su camino. Los invito a estar atentos a algún comunicado que en días próximos pudiéramos emitir si es que estos hermanos llegaran a nuestra frontera.

Que el Señor Jesús, acompañado de la Virgen María y de San José, nos ayude a vivir como peregrinos en este mundo y nos anime en nuestro esfuerzo por vivir la caridad cristiana.


Fraternalmente

+ Jaime Calderón Calderón

VIII Obispo de Tapachula