Mensaje al Pueblo de Dios 36/20

Domingo XXVIII del tiempo ordinario

11 de octubre del 2020

1. Querida familia Diocesana, en la Palabra de Dios que nos presenta la celebración de este domingo, el Reino de Dios es comparado con un banquete. La abundancia de Dios anima a pensar en una mesa a la que están invitados todos los pueblos de la tierra. Para Isaías, en la primera lectura, este festín es una celebración de victoria y de consuelo en la que se enjugarán las lágrimas de todos los rostros. También el evangelio proclama la invitación a todo el mundo, pero advierte de la necesidad de estar preparados: la conversión es el vestido de fiesta apropiado para esta ocasión. Mientras llega ese día, recuerda san Pablo a los filipenses, en la segunda lectura, que ya estamos disfrutando de la magnanimidad de Dios, que atiende con solicitud las necesidades de sus hijos.

2. En este mes misionero, el Papa Francisco nos ofrece su tercera encíclica: Todos hermanos. Este bello texto es un mensaje que el Santo Padre nos regala en el cual nos habla de la necesidad de sentirnos y vernos como hermanos. Después de vivir este golpe tan duro de la pandemia y de haber vivido mucho tiempo en confinamiento responsable en casa, es importante tener en cuenta que tenemos que volver a la nueva manera de convivir con esa convicción: sentirnos hermanos. Sólo y en esa sintonía de hermandad es que podremos salir adelante en esta situación generalizada.

3. La vida humana se ha convertido en un agente y destinatario de la misión en la Iglesia. La Iglesia católica ha defendido, promovido y valorado la vida desde su concepción hasta su muerte natural. La cultura actual, que promueve la cultura de la muerte, se ha empeñado en proponer temas como el aborto y la eutanasia; que lo único que va generando es una degradación más notoria en la sociedad. Nos preocupan los jóvenes que, en la formación de su conciencia, muchas veces no están acompañados por criterios ya venidos tanto de una sana reflexión y concepción científica, y no ideologizada, como aquellos propios de la fe cristiana.

4. Una misión permanente que tenemos en la Diócesis son los migrantes y el cuidado de la Casa común. No sólo cuando vienen en grupos numerosos debemos atenderlos. Siempre están tocando las puertas de nuestra solidaridad para hacer menos pesado su camino por nuestras tierras. Recordemos que ayudar al que va de paso es una obra de misericordia y que es al mismo Señor Jesucristo a quien ayudamos en el vulnerable. Cuidar de los migrantes y de la Casa común es cuidar de nosotros mismos, descuidarlos y/o despreciarlos es hacernos lo mismo a nosotros y a Cristo.

5. Durante este mes de octubre los sacerdotes de la Diócesis estaremos viviendo ejercicios espirituales por foranías. Los hermanos que sirven en la ciudad episcopal de Tapachula ya los han vivido. Las demás foranías los realizará en las semanas que vienen. Suplico a toda la familia diocesana que los tengamos en la oración para que este tiempo de gracia nos ayude a escuchar la voz de Dios que nos invita a caminar juntos. Que el Señor Jesús, acompañado de la Virgen María y de San José, nos ayude a vivir como peregrinos en este mundo y nos anime en nuestro esfuerzo por vivir la caridad cristiana.


Fraternalmente

+ Jaime Calderón Calderón

VIII Obispo de Tapachula