Mensaje al Pueblo de Dios 37/20

Domingo XXIX del tiempo ordinario

18 de octubre del 2020

1. Querida familia Diocesana, las lecturas de este domingo nos recuerdan que Dios es el único Señor de la historia. En la primera lectura así lo expresa el profeta Isaías haciendo una lectura religiosa de los acontecimientos que vivía Israel: el rey Ciro de Persia era un “ungido del Señor” para liberar al pueblo del exilio en Babilonia. Por su parte en el Evangelio, Jesús insiste en el señorío de Dios y, por lo tanto, en que ningún poder en la tierra es digno del culto que a Él sólo hay que ofrecer. Los cristianos de Tesalónica, nos hace saber Pablo, son ejemplo de amor exclusivo en el Señor Jesucristo. Sea Dios nuestro Señor el único en nuestra vida y en este tiempo de reconstrucción después de la pandemia sea nuestra fe en Él lo que nos sostenga, ayude y fortalezca.

2. Durante este mes de octubre continúan los ejercicios espirituales de los sacerdotes de la Diócesis. Los hermanos que sirven en las Foranías norte y sur los han vivido la semana pasada y esta semana les toca a los hermanos de la Foranía centro y el Seminario. Seguimos encomendándonos a toda la familia diocesana que los tengamos en la oración para que este tiempo de gracia nos ayude a escuchar la voz de Dios que nos invita a caminar juntos.

3. Recordemos que el mes de octubre es el mes de las misiones. Aunque vivimos este momento histórico con limitaciones pastorales, todavía a causa de la pandemia por el COVID-19, podemos y debemos tener presente tres aspectos de la realidad para ejercer una misión más directa y dinámica: la Vida, la Casa común y los Migrantes. Todo está conectado con todo. Si contribuimos con esto, podremos construir una sociedad más humana y cristiana.

4. Quiero invitar a todo el pueblo de Dios: laicos, religiosas, religiosos y sacerdotes a seguir observando las normas de higiene y de sana distancia en los templos para las celebraciones de la Santa Eucaristía. Seamos personas responsables y comprometidas con el cuidado de la salud. Garanticemos espacios seguros donde las familias puedan acudir sin ningún temor al encuentro con Dios.

Que el Señor Jesús, acompañado de la Virgen María y de San José, nos ayude a vivir como peregrinos en este mundo y nos anime en nuestro esfuerzo por vivir la caridad cristiana.

Fraternalmente

+ Jaime Calderón Calderón

VIII Obispo de Tapachula